miércoles, 29 de febrero de 2012

Grecia realizará nuevos recortes fiscales y pierde soberanía



Grecia cumplió con los requerimientos fijados por la UE y logró destrabar el segundo paquete de ayuda económica. El crédito resultaba imprescindible para que el país no entrara en cesación de pagos en el mes de marzo. Aunque el fondo de rescate significó un paso adelante para evitar la bancarrota, los griegos no tienen muchos motivos para festejar. El nuevo préstamo y la renegociación de la deuda externa solo fueron aprobados luego de que Grecia realizara nuevos recortes fiscales y aceptara la supervisión continua de sus finanzas por parte de sus acreedores. Paradójicamente, el alivio financiero macroeconómico que experimentó el país implicó un empeoramiento de las condiciones económico-sociales del pueblo griego.

Los ministros de Finanzas de los 17 países de la eurozona destrabaron finalmente el paquete de rescate financiero para Grecia, pendiente desde octubre de 2011. El desembolso del crédito por valor de 130 mil millones de euros llegó luego de tres meses de arduas negociaciones signadas por un clima de tensión e incertidumbre que dejó a Grecia al borde de la bancarrota. Los fondos recibidos le permitirán al país helénico hacer frente en marzo al próximo vencimiento de su deuda equivalente a 14.500 millones de euros. La aprobación del préstamo incluyó también una quita del 53.5% de la deuda griega en manos de acreedores privados, lo que representa una disminución de 107 mil millones de euros del total de la deuda.

Grecia ha pagado caro la "ayuda" financiera que hoy le permite "respirar" en términos macroeconómicos. En primer término, el Parlamento griego debió avalar el plan de recortes económicos presentado por el gobierno griego y exigido por Bruselas. En segundo término, el gobierno socialdemócrata-conservador que dirige Lucas Papademos debió implementar un recorte adicional por 325 millones de euros que afectará a los sectores de Defensa y de Salud. Como tercera medida, los partidos políticos que integran el gobierno de coalición tuvieron que garantizar que las reformas económicas realizadas serán ejecutas independientemente de quien gane las elecciones legislativas de abril próximo.

Cuando todo parecía encaminado hacia la aprobación del recate, la Unión Europea estableció una nueva condición vinculada a su desconfianza hacia Grecia. Bruselas exigió como requisito adicional el monitoreo continuo del cumplimiento de las medidas por parte de los tres mayores acreedores de Grecia. La denominada Troika que supervisará las cuentas griegas está compuesta por funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI), El Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea. La desesperada situación griega obligó al gobierno a aceptar la nueva imposición que en término concretos implicará una cesión de soberanía fiscal.

Las decisiones tomadas por el gobierno griego fueron repudiadas por un amplio sector de la sociedad que sufre las peores consecuencias de la crisis económica. En medio de un clima hostil hacia el gobierno 6 mil personas se manifestaron en Atenas expresando consignas como “¡Unión Europea fuera, FMI fuera!”. El mismo rechazo fue expresado por fuerzas políticas opositoras durante la ratificación parlamentaria de la quita de la deuda externa griega. El diputado comunista Zanassi Pafilis expresó en pleno debate: “Deje de engañar y de chantajear al pueblo. Es mentira que los 130.000 millones sean para salvarnos. ¿Qué ganarán de ello los trabajadores? Sólo se benefician los bancos y los monopolios”. Zanassi expuso de esa manera las condiciones particulares del fondo de rescate, según las cuales el préstamo será depositado en una cuenta bloqueada y sólo se podrá destinar al pago de la deuda y a la recapitalización bancaria.

El ministro de Finanzas Evangelos Venizelos respondió a las críticas afirmando: “No entiendo su insistencia en negar la urgencia. Aquellos que no aceptan el procedimiento de urgencia es porque no entienden la situación en la que se halla el país”. En declaraciones realizadas a la televisión griega también describió la importancia y la magnitud que posee el rescate financiero: “... llega con un compromiso europeo de apoyo por el tiempo que sea necesario mientras el país regresa a los mercados. (…) es una acción decisiva e irreversible por parte de nuestros socios: Grecia es miembro del euro y permanecerá así, y no hay nada sobre la bancarrota, nada sobre el colapso financiero del país”.

En el sector financiero el acuerdo entre la UE y Grecia logró bajar la tensión de las plazas financieras sin llegar a generar una gran euforia. Los mercados reaccionaron con leves alzas que parecen indicar la gran cautela respecto de la situación griega en particular y europea en general. En el mismo terreno la reacción de las calificadoras de deuda no ha sido positiva. Fitch consideró la quita del 53.5% de la deuda griega en manos de los acreedores privados como un acto de “default restringido”. Por tal motivo decidió rebajar la nota griega dos escalones, pasando de “CCC” a “C”. La evaluadora de riesgo crediticio dejó a Grecia a un paso de la calificación “D” que determina el incumplimiento de pagos. La baja en la calificación de la nota griega por parte de Fitch no ha generado por el momento repercusiones negativas en los mercados ni ha sido imitada por el resto de las calificadoras de deuda.

La leve mejoría experimentada en términos macroeconómicos se contrapone a la dramática crisis interna que continua empeorando sin verse en el horizonte signos alentadores. El gobierno de Atenas parece convencido de que la única salida a la crisis es continuar recortando los gastos del Estado. Por tal motivo la coalición gobernante ya prepara nuevas medidas económicas que incluyen reducciones a pensiones y prestaciones asistenciales. También está previsto recortar el salario mínimo de 751 a 580 euros al mes. Estas medidas de achicamiento del déficit fiscal son aplaudidas por quienes se guían por la receta económica de reducir el déficit económico a cualquier costo. Abriendo el panorama y adentrándonos en la situación interna se puede observar que cada medida adoptada en tal sentido contribuye a destruir aún más la devastada economía griega. Grecia ostenta hoy el triste record de ser una nación en ruinas con cifras mayores al 20% de desocupación, recesión y alarmantes índices de pobreza.

La receta neoconservadora impuesta por Alemania y Francia comienza a ser criticada por sus nefastas consecuencias sociales. Los detractores que lamentan la terrible situación que vive el pueblo griego advierten además que ninguna nación puede hacer frente a sus deudas si se destruye su capacidad de generar riqueza. La elección del camino parece haber sido tomada. La verdadera disyuntiva que el futuro podrá aclarar es si el sacrifico del pueblo griego en el presente servirá para resurgir de las cenizas en los años venideros.

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